lunes, 29 de junio de 2009

Comentario sobre “Un actor se prepara” de Constantín Stanislavsky

UN CIRCO, SE VUELVE ARTE






El circo que observamos sentados en aquella sala oscura y vacía, la cual se torna cálida e iluminada a través de los aplausos, sólo refleja el resultado final del esfuerzo que se oculta tras aquel telón que se levanta. Mostrando personajes con sus rostros pintados, ocultando su identidad a través de la exageración e interpretación de un papel pintado de letras.

Sin embargo Constantín Stanislavsky nos transporta a la verdadera vivencia de un actor, desenmascarando aquel trabajo que para muchos no resulta complejo al ver una función que dura alrededor de una hora, debido a que esas escenas que conmueven a un gran número de personas transmiten emociones y sensaciones distintas, en donde el público es el encargado de criticar el momento presenciado, y es así como muchas veces nos tornamos observadores de la superficialidad de una actuación, sin tener un criterio “artístico” de lo que esconde aquella dinámica pintura hablada.

Stanislavsky narra la situación que enfrenta un aficionado del teatro, el cual antes de empezar su primer ensayo, se encontraba en su habitación leyendo e intentando crear el personaje que debía interpretar; es así como comienza a buscar la manera de cómo sentirse cómodo para así ensayar su papel, sin embargo por mucha pasión que tenga un actor por querer salir en escena, éste olvidó la base de aquel árbol que crece producto de los constantes ensayos, los cuales al pasar el tiempo arrojan aquellos frutos que alimentan al público.

De esta manera la puntualidad, concentración y perseverancia son la llave que abre aquella puerta para que un actor se prepare; en el momento que el asistente del Director dice “Todos llegamos aquí llenos de entusiasmo para hacer el trabajo que nos esperaba. Ahora, gracias a usted, nuestro humor y buena disposición se han disipado. Despertar el deseo de crear es difícil, matarlo es extremadamente fácil. Si yo interfiero mi propio trabajo, es cosa mía. Pero, ¿qué derecho tengo a detener el de todo un grupo? El actor, no menos que el soldado, debe sujetarse a una disciplina férrea.”

Es así como a medida que transcurren los ensayos en el teatro, surgen nuevos obstáculos que impiden desempeñar correctamente la actuación del protagonista en la obra de Constantín, como los ambientes bulliciosos distintos a su acostumbrada habitación o el pánico escénico en el momento que el telón se levanta, y aquel león sediento por aquel show ejerce presión sobre el trabajo que se refleja en un momento.

Pero cuando todas aquellas trancas comienzan a desaparecer como en el momento que la luz del sol deja de brillar, ocultándose en el más profundo océano, te das cuenta que todo el esfuerzo y aquellas caídas, forman parte del pasado y la satisfacción del sonido de esa ola que en vez de ahogarte en la más escondida decepción, levanta el ego oculto por la inseguridad del alma y llena el espíritu de satisfacción por el trabajo realizado, sientes que no ha sido del todo tiempo perdido.

A pesar de que no soy actriz, considero que la vida es una obra de teatro y aprovecho de retirar lo dicho en un principio, respecto a que el teatro es un circo, sin embargo algo de cierto hay… cada persona es un personaje; y cada situación que vivimos, debemos enfrentarla de la mejor manera posible, acomodándonos a distintos contextos para integrarnos. Somos comunicadores por naturaleza y para que aquella comunicación sea entendida, muchas veces debemos disfrazarnos de los más insólitos personajes para que nuestro mensaje sea bien recibido.

En esta pequeña pieza de un puzzle que reúne un sin fin de facetas artísticas, toda persona que finge ser otro sujeto se debe cuestionar cuál es la mejor manera para prepararse; en el libro se responde, “actuar verdaderamente significa ser lógico, coherente, pensar, esforzarse, sentir y obrar de acuerdo con su papel”, sin embargo personalmente le agregaría la concentración y espontaneidad, debido a que muchas veces aquel pánico escénico es producto del cuestionamiento ¿qué dirán?, ante esta situación pienso que tanto en el teatro como en la vida real uno debe mantener aquella esencia y dejar a un lado aquella máscara que obstaculiza nuestros deseos por querer hacer algo, y que muchas veces estas acciones sean criticadas por los demás.

También pienso que para reflejar lo que uno quiere realmente expresar, hay que pensar en lo que queremos transmitir y no en lo que la gente quiere que transmitamos; si logramos creer en lo que hacemos, no nos encontraremos tambaleando sobre una cuerda floja, mas bien seremos la cuerda y las personas intentarán caminar sobre lo que transmitamos.

Aquella presentación que a simple vista es fácil, se torna compleja a medida que mi lectura avanza, no solo la actuación consta de la memorización de un texto y la personificación de aquellas palabras plasmadas en el papel, sino que también existe una preparación en la voz y el cuerpo. La acción se encarga de dar énfasis a lo que queremos transmitir.

Pero, cómo puedo realizar una acción y que esta sea transmitida… la base del teatro es la imaginación, aquella facultad que tenemos y que algunos carecen pero que con el tiempo logran desarrollar, es la ventana hacia dimensiones infinitas que sólo nuestra mente puede crear y transportarnos hasta al lugar más exótico e inexistente, y es así como la misma imaginación permite transportar a los que escuchan, ven y posteriormente logran sentir lo que el ser creador está sintiendo.

Mi mente abierta posterior a presenciar cuatro fascinantes capítulos teatrales, en donde paso a paso se muestran los tropiezos y logros sobre un escenario iluminado, deja atrás aquel vago pensamiento de que una obra de teatro es un circo, sino es un arte y a la vez un oficio que permanece resguardado tras un trabajo constante y la pasión por expresar a través de todos los sentidos historias ficticias plasmadas en un mundo real carente de imaginación. El teatro abre mentes, despierta los instintos más ocultos del ser humano y llena el alma de quien lo ejerce.